De esas veces…

Descanso

No les ha pasado que llegan esas veces en las que se quieren apartar del mundo, de todos y todo lo conocido? no en el afán de una aventura, sino todo lo contrario, algo tranquilo, desprenderse de todo el estrés del trabajo, de la escuela, incluso a veces de la familia, de los problemas de pareja, de las presiones (a vcs sin quererlo) de las amistades, en fin, de todo, tener ese momento, aunque breve, pero completamente de ustedes. ¿No les ha pasado? A mí sí.

A mí sí me ha pasado, y afortunadamente este fin tuve mi momento, ese yo que quiere estar conmigo je, y no es cosa de reflexionar, o de tratar de encontrar todas las respuestas en el universo, no se trata de pensar en la inmortalidad del cangrejo o por qué la gallina cruzo la calle, no, nada de eso, es más perderte contigo y en ti, es mas, sin pensar en nada, sólo disfrutar el momento, sentirte y saberte tuyo, con todo la vida sintiéndola plenamente, tan tuya y tan única.

De eso se trata este momento, mi momento, el ser yo conmigo, el estar conmigo y disfrutarme, quizás se escucha muy aburrido o sin chiste, pero de verdad que no lo es, cuando lo haces, descubres toda la magia que hay en un espacio sólo para ti, te redescubres como persona, como amigo, como pareja, como hijo, hermano, como todo aquello que eres y que no te pones a pensar en situaciones normales, ya sea por los pendientes que siempre existen, por las rutinas, por los espacios cerrados a los que estamos acostumbrados, por los lugares que sí bien son de nosotros no nos pertenecen del todo.

Es lo que hago y haré estos días, perderme en mí. Este es mi día uno, Tan sencillo y simple que puede parecer aburrido, pero que lo estoy disfrutando y gozando como pocas veces podemos hacerlo, como pocas veces nos damos la oportunidad de desprendernos de todo lo que traemos cargando en los hombros, pequeño, mediano o grande, pero es sentir esa ligereza en el cuerpo, que te lo da detalles tan pequeños como el pie desnudo sobre el césped, sobre el agua, creando olas que no dicen nada y te cuentan todo, con esas olas tan únicas como tú, que están ahí a causa tuya, así como estás tú contigo a causa tuya…

Día dos: sigo disfrutando la estancia en este espacio apartado, pero realmente disfrutable, cuando el sol sigue golpeando mi ya quemada espalda, cuando el agua me cubre todo el cuerpo (bastante por cierto..que en el agua se ve mucho más enorme…jajaja) y te hace sentir esa libertad aún debajo de ella. El seguir teniéndote y que incluso el ver la televisión se siente diferente, las canciones las escuchas más claras, los juegos no son un escaparate, no existe una rutina, más allá de comer y dormir jeje, ya sé, ya sé, dirán que eso hago siempre ja, pero incluso eso es distinto cuando se trata de nada, de esa nada al momento de nadar, al momento de tomar el sol, cuando simplemente te sientas a contemplar el paisaje y ese punto fijo que no tiene nada de especial pero no dejas de verlo, ese momento de escuchar las canciones que se convierten más en melodías que en simples “rolas”. Es el segundo día de mi “retiro” y lo sigo disfrutando, haciendo notas mentales que me hacen reír, que afortunadamente no me llevan a ningún lado, me dejan aquí, en este momento, donde quiero estar.

Día tres: penúltimo día en la soledad, en la calma total, con todos los beneficios que eso conlleva, las cosas buenas que salen de esto, físicas y psicológicas, que estoy seguro habrá, aunque aún no sepa cuales serán esas cosas buenas (pero sé que definitivamente mi espalda no piensa lo mismo jaja). Aún en calma total, es ese postre que te has saboreado desde el primer tiempo, es la noche tranquila, callada, quizás tímida pero que siempre te acompaña, la noche que susurra junto a grillos y sonidos que desconozco pero que no asustan, sino al contrario, que producen esa calma que entra por los oídos y se queda en todo el cuerpo. La noche clara que trae consigo el Moulin Rouge (literal, paso en la tv) que dice que lo más importante que aprenderás será amar y ser amado…

Día cuatro: último día de mi aislamiento, aunque en el último día ya no estuve solo también fue disfrutable el seguir descansando en compañía, no fue un día largo ni corto, fue de esos días exactos en los que no sobran ni faltan los minutos, de esos días en los que te has relajado y llega la idea cotidiana del deber ser y el hacer, en esa visión de lo que ya sabes que llegará, es decir, el final. Ese final necesario porque dicen que todos los excesos hacen daño y un día más me hubiera provocado cáncer de piel, (en serio) ya me había quemado sobre lo quemado jajaja.

Pero les repito, que estos días fueron excelentes, para poner la mente en blanco, no pensar en nada, más que en la tranquilidad que existe en la ausencia de casi todo, el desconectarse del el mundo y conectarse contigo, con tu interior, el mirarte y sonreír, el tenerte y ser feliz, el saber que no se necesita de nada más que uno mismo, porque en nosotros tenemos y encontramos todo, sí, así de ese modo aunque suene egoísta, pero nunca es malo ser egoístas de ves en cuando, el saberte para ti y de nadie más, el ser completamente tuyo. Amén.

Ales

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